b_250_160_16777215_00_images_2014_h__MG_6104_Custom.JPGBrillante demostración poético/musical para la reapertura de Teatro de Prosa. Fue con “De Rayuelas, fantasmas y tangos”, tributo a Gelman y Cortázar.

Cuando el bandoneonista Luis Longhi anunció que iban por la última pieza de su particular “Demoliendo Tangos”, junto al gran pianista Federico Mizrahi, se levantó un espectador y le respondió que no se iban con una más, sino con cinco. Y ahí nomás, el dúo le retrucó con otra de esas tantas mezclas de distorsión de clásicos del tango, un mboyeré de Charly García, Astor Piazzolla y fino humor, y acometieron con una muy original versión de “La  Cumparsita”, esa genial creación del uruguayo Matos Rodríguez totalmente transformada. Y ahí si se fueron en medio de ovaciones.

Estupenda reapertura de Teatro de Prosa del Centro del Conocimiento, con “De Rayuelas, fantasmas y tangos”, un espectáculo que es un canto a la cultura argentina y sus originales referentes: Charly García, Astor Piazzolla, Juan Gelman y Julio Cortázar, del que se está cumpliendo el Año Cortazariano a 30 años de su desaparición física. Justamente, del escritor nacido por una jugarreta del destino y el tiempo en Bélgica, Longhi interpreta y da vida a Rayuela, que como dice: “concluye, llegamos al cielo, cuando se termina la infancia”. Longhi fue llevando el hilo del relato con maestría, y con su enorme capacidad histriónica hilvanó los textos de manera formidable. Es que, es más actor que músico, tiene sobre sus espaldas un repertorio en teatro que hace muy rico su CV.

Y Mizrahi es una locomotora, acomete con su piano en los rieles de una función que se alimenta de clásicos del tango, deglutidos por “Demoliendo tangos” y, tras la digestión, son mostrados a público en divertidas y creativas partituras.

“Queremos que nos acompañen en este viaje, en el que la voz y la palabra son motores, y el pensamiento de Juan Gelman y Cortázar vendrán en nuestros ropajes por el resto de siempre” empieza diciendo el actor bandoneonista y echa a andar un carruaje que lleva como pasajeros a la poesía de Juan y el relato fantástico de Julio, Charly y Astor influenciando en la banda sonora.

Longhi hace emanar desde sus cuerdas vocales las sutiles palabras del poeta en Confianza: “con este poema no tomarás el poder’ dice, ‘con estos versos no harás la Revolución’ dice, ‘ni con miles de versos harás la Revolución’ dice, y más: esos versos no han de servirle para, que peones maestros hacheros vivan mejor, coman mejor o él mismo coma viva mejor, ni para enamorar a una le servirán…”. O ese cuento de diez renglones de Cortázar, Historia Verídica, que comienza diciendo que “a un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas…”; de sus magníficos breves relatos de los Famas y Cronopios.

Y cuando fue terminando la simple, pero brillante obra lúdico textual musical, Longhi fue relatando algo que, según él, tendría que haber contado al principio del espectáculo. Y era, nada más ni nada menos, explicar de qué iba este juego: e inició el relato de Rayuela. Ovaciones y fin del trayecto artístico, de un sábado de homenaje a pilares de la cultura argentina.

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