Epígrafe: Primer acto de colaciónEl Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya celebra hoy 54 años de su fundación. Fue concebido para dar respuesta a la necesidad de formar profesores para las escuelas secundarias de la provincia de Misiones, que hasta entonces debían emigrar a otros destinos del país para “abrazar” la vocación docente en el nivel medio.

Los profesorados en Filosofía y Pedagogía, Castellano, Literatura y Latín, e Historia fueron las 3 carreras pioneras, a las que con el transcurso del tiempo se sumaron otras hasta alcanzar 14 profesorados que desde sus orígenes fueron modificando y transformando sus planes de estudio y denominación, de acuerdo a las demandas educativas que surgieron durante el avance de las décadas. Inicialmente fue un instituto de profesorados, luego con la incorporación de carreras técnicas –que actualmente son 4- y la transformación educativa pasó a ser instituto superior.

Se distingue por ser la primera institución de estudios superiores de la provincia, por su vasta trayectoria y por su prestigiosa experiencia como casa de estudios formadora de formadores.

Inspirado en el sacerdote jesuita Antonio Ruiz de Montoya, se tomó en 1960 su nombre para designar a la entonces incipiente institución educativa. Su fundador, Monseñor Jorge Kemerer fundamentó su elección en el acto inaugural expresando “Ruiz de Montoya perteneció como hombre de primera fila, a esos varones ilustres de la Compañía de Jesús que acometieron la ingente empresa de incorporar al aborigen a la cultura y civilización cristianas”.

Con el correr de los años, en 1993, se creó la extensión Eldorado, que memorará su aniversario el 12 del cte. mes, donde se dictan actualmente los Profesorados en Matemática, Lengua y Literatura e Inglés.

Hoy se reafirma su origen con la vigencia plena de sus objetivos iniciales: ofrecer a la juventud misionera las posibilidades de cursar estudios superiores en su propia provincia; cubrir la necesidad de la provincia en cuanto a docencia especializada; servir a la educación y a la cultura misioneras; y brindar una sólida formación moral y científica.

En el transcurrir diario se mantiene vivo el deseo citado en el final del discurso de inauguración de esa casa de estudios, “que de ella salgan los hombres y las mujeres que necesita el mundo de hoy”.

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