b_250_160_16777215_00_images_2014_b_IMG_3956a_Custom.JPGA través de la nave musical Tonolec más de mil espectadores conocieron mojones de la música popular folklórica y obras enraizadas en la rítmica y cantos propios de los pueblos originarios llevados a los sonidos contemporáneos.

La mirada contemporánea arrastrando hacia el futuro nuestra historia musical primitiva es el estímulo insoslayable del dúo que integran Charo Bogarín y Diego Pérez, Tonolec. En un momento del notable y magnético concierto que brindaron en la noche del viernes, en el Centro de Convenciones, el muchacho de Resistencia dijo que lo de ellos era “viajar entre el pasado y el futuro”. Fue antes de comenzar a deshilachar el paso de Cosechero, de, Ramón Ayala.

Así abrió la serie de recitales con el que, el anexo “Música en Misiones”, acompaña la muestra “Música en Argentina. 200 Años”, que desde el sábado pasado está presente en el Centro de Arte del Centro del Conocimiento y estará abierta por espacio de un mes. La expo por el Bicentenario musical argentino continúa hoy con el CelebraRock, apartado dedicado a rock que supimos cultivar en esta zona, reuniendo a partir de las 22hs al rock de los ‘60 al 2000. Cerrando este primer fin de semana con el certamen de rap “A cara de perro zoo”, que mañana a las 17hs tendrá lugar en el mismo escenario que tocaron los Tonolec.

De las raíces al electrofolk

Tras el set de 40 minutos de Sonido Ancestral, banda dedicada al folclore norteño, a las letras comprometidas, músicos con origen en la danza, la impactante Charo Bogarín entró a escena con Diego Pérez, cuasi hermano con el que han inventado esta nave que explora e indaga en la música que han creado los originarios del territorio hoy NEA. Iniciaron el periplo imaginario en el Centro de Convenciones con “Qué he sacado con quererte” de la chilena Violeta Parra, con el “ay, ay ay” en la voz de Charo sacudiendo el dolor de un amor que no vuelve.

Secuencias percusivas, pianos sintetizados, loops, unidos a la acústica presencia de charangos (en mano de Charo), guitarras (en las que Diego combina bajo y guitarra), y el cajón peruano, redoblante, quijadas vacunas y platillos percutidos por Lucas Helguero, el tercer Tonolec que amalgama “su vivo” con lo que programa Diego Pérez, promoviendo el tapiz sonoro que viste la voz indígena de Charo.

Daniel Toro estaría orgulloso por la tremenda versión de su Zamba para Olvidar, un hito del folklore argentino, con Charo tocando el bombo legüero, tanto como Ramón Ayala con su  Cosechero, ambos arrastrados a sus combinaciones folk, electro y tiempos ancestrales.

Nueva producción

Tras estos dos hitos del folk latinoamericano, iniciaron el recorrido de canciones que abrevan en el repertorio de pueblos originarios, tanto de los que viven en la zona que los vio nacer, los Qom, Toba y Pilagás, de Formosa y Chaco; como así también las que aparecerán en el 4to disco de Tonolec, el que presentarán el 30 de Mayo en el Teatro Astral de Buenos Aires, y para el que desean trasladar a un  coro de niños Mbya misioneros. Fue formidable lo que contó a un público que desconoce ciertos misterios de la música originaria, la cantante agradeció la colaboración brindada por los misioneros Karozo Zuetta y Nerina Bader (presentes en la sala), diferenciando que, en los pueblos que habitan Misiones, la música está al resguardo y custodia de los niños; en tanto en los Qom, al estar vinculada a la sanación de males, es privativa de los adultos. “El grupo tiene 14 años y hace más de diez que decidimos empezar a investigar la música de nuestros pueblos originarios de Chaco y Formosa, ahora lo hacemos con los mbya Guaraníes de Misiones” manifestó recibiendo ovaciones.

Comenzaron el recorrido étnico electro con La Cazadora, que narra las vivencias de mujeres Qom adaptándose al mundo actual, saliendo a buscar el alimento en los espacios urbanos. Siguieron con Techo de Paja, y en lengua Pilagá interpretaron Baila Baila. “Es muy importante para nosotros expresarnos en el arma más poderosa que tiene el ser humano, que es el idioma, por eso interpretamos mucho de nuestro repertorio en el de los pueblos originarios”. Enseguida entregaron una de las canciones inéditas del próximo CD “Cantos de la Tierra Sin Mal”, “Tacoarí Porá”, en que participan coros guaraníes de una aldea cercana a Iguazú.

Entre el “éxito” y la propia historia

“Muchos creen que porque estamos tocando por todo el país nos ha llegado esa palabra que no nos agrada: éxito. Preferimos ir despacito, que no todo nos llegue por asalto” le contó la cantante a los presentes. Y tras la maravillosa versión de Cosechero, de Ramón Ayala, Charo Bogarín impactó en la gente, enmudeció el recinto con más de mil almas atendiendo la narración de su propia historia. Además de dedicarle la obra que iba a introducir a todas las mujeres presentes, dijo: “el tema que vamos a hacer ahora es autobiográfico y está consagrado a mi madre. Mi padre Pancho Bogarín fue desaparecido en el ‘76 por ejercitar el don más poderoso que tiene el ser, la portación de la palabra. Es la historia de una mujer de un desaparecido. Teníamos 3 y 4 años con mi hermana Marta, vivíamos en Formosa y a mi papá se lo llevaron. Nunca más lo encontramos. Nuestra madre nos cargó encima y vino a pelearla con nosotros en Resistencia. Las ausencias dejan huella, pero es importante también hablar de las presencias. El temple lo heredamos (ella y su hermana) de ella”.

Fueron cerrando el set de poco más de hora y media, con la versión en lengua Qom de “Cinco Siglos Igual” de León Gieco y otra de su segundo trabajo, Bandada de Zorzales (en la que toma parte el coro institucionalizado Chelaalapi), dedicada a los niños, con el que Charo invitó a los padres a enseñar canciones en lenguas originarias. Los bises para un público extasiado que no quiso irse fue con Duerme Negrito e Indio Toba.

Fue mucho, de parte de una banda a punto de zarpar a conquistar el mundo entero, con la historia de los tiempos, entre lenguas autóctonas y viralización de mensajes, entre la naturaleza inmemorial y la vanguardia electrónica, de la evocación del monte chaqueño con una voz y presencia que hipnotiza a quien se le ponga enfrente.

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