b_500_0_16777215_00_images_2014_d_IMG_5326_Custom.JPGDescomunal presentación del ensamble de los hermanos misioneros y cierre con el rosarino, un gran exponente de la armónica, desarrollando una tarea soberbia.

Descomunal tiene como sinónimos: grandioso, vasto, desmedido, inmenso, desmesurado, gigantesco, abundante, excesivo, colosal, formidable, extraordinario, excepcional, monstruoso, terrible. Tal adjetivo, cualquiera de los otros también hubieran servido para el fin de describir, retratar con una sola palabra, el recital que brindaron Los Nuñez Ensamble Tango y Franco Luciani Trío. Que, para ampliar aún más el éxtasis, culminó con ambos elencos musicales entregando Posadeña Linda de Ayala, Oblivion de Piazzolla y Nocturna de Julián Plaza, muestrario final del variado repertorio que se entregó en tres horas de recital.

Astor Piazzolla tiene cultores en todo el mundo, desde prestigiosas orquestas de cámara a grupos de amigos músicos que surgen y conforman bandas para destilar las complejas composiciones con que revolucionó el género ciudadano argentino. Tango, mucho tango, el que tuvo su pluma, la influencia de Nadia Boulanger sobre ella y el bandoneón encargado de robarse la atención. Fue algo de lo que dejaron en el aire del Teatro Lírico, con soberbias actuaciones, en lo individual y en lo colectivo, Los Nuñez Ensamble Tango. Los espectadores, tras el fin del memorable concierto de los hermanos misioneros y amigos, quedaron con un interrogante: cómo subiría Franco Luciani Trío a ese escenario que tan alto le habían dejado. Y de entrada descocó a los presentes con Moneda de Cobre y ya todo estuvo dado para darse cuenta que se trataba de otra propuesta, sobre tango, pero totalmente diferente.

Pero hay que empezar por el inicio. Piano (Marcelo Pérez), guitarra (Marcos Nuñez), contrabajo (Lery Duarte), formación jazzística ideal para las obras de Piazzolla, sumados al violín (Zachary Phillips) que trae al presente al maestro Agri, se fundieron con el bandoneón genial de Juan Pico Núñez, columna vertebral del ensamble.

Juan y Marcos, dúo de bandoneón y guitarra, abrieron con La Cumparsita y Palomita Blanca, enseguida invitaron al resto del quinteto, que pondría orgulloso a Astor. También a Matías y Alejandra, quienes bailaron Danzarin. Ya era mucho y apareció en escena el Tano Fiorio para entonar una obra suya, “Con sabor con libertad de esclavo”, luego “La ultima curda” en tremendo contrapunto con Juan Nuñez y una de las mayores obras de Horacio Ferrer para Piazzolla, “Balada para un loco” que fue el presagio del homenaje al mítico compositor marplatense. Increíbles versiones der Verano Porteño, Fuga y Misterio -con intervención de los bailarines Grabriel y Lucia- y por último la impactante improvisación para la introducción de Adiós Nonino, por parte del pianista Marcelo Pérez.

Fue muchísimo por parte de Los Núñez Ensamble tango y vendría un cierre acorde a semejante espectacularidad, virtuosismo y entrega.

Franco y sus pulmones fuelle

El tango Moneda de Cobre ya le sirvió al crédito rosarino para meterse a los 400 espectadores en el bolsillo. El gran armonicista Franco Luciani presentó su proyecto instrumental junto a Daniel Godfrid en piano y Ariel Argañaraz en guitarra con el que grabara su último disco. El artista, que hereda toda la estirpe de Hugo Díaz, desarrolló un set muy variado, escogiendo hasta el repertorio menos conocido de artistas consagrados, por ejemplo de Piazzolla entregó Los Sueños.

Sorprendió a más de uno, describió su felicidad por haber llegado a Misiones una vez más y desplegó todo el abanico de posibilidades de uno de los instrumentos más pequeños que se han inventado. Es hoy el máximo exponente de la armónica y logra que su sonido y fraseo resulte totalmente natural tanto sea folklore (tremenda versión de Los Ejes de mi Carreta) como tango, con versiones que debido a su gran talento, creatividad, personalidad y buen gusto, fueron muy originales. Ya el instrumento que domina a la perfección le da originalidad. Pasaron “Tu vals”, que en el disco canta Lidia Borda, en muchos tramos del concierto alabó la poesía de la historia del tango, toda una paradoja, ya que lo suyo anoche fue instrumental y soberbio. Fue como el “Ave de paso” de Charlo y Enrique Cadicamo, voló en el Lírico y llegó a alturas increíbles.

Todo fue parte del inicio del tercer fin de semana de recitales y espectáculos que rodean a la muestra “Música en Argentina. 200 Años” que está a disposición de todos los misioneros en el Centro del Conocimiento.

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