IMG_6447 Custom.JPGRamón Ayala, cada vez más reconocido por su gente, derramó su poesía en la primera jornada del cierre de la muestra Música en Argentina. 200 Años. Previamente Bruno Arias regaló muestras de su folklore comprometido con lo social y Legado Regional confirmó el potencial de sus jóvenes valores.

Como un buen vino, a Ramón los años le caen cada vez mejor. Inmerso en una merecida maratón mediática luego de que el reconocimiento a nivel nacional le llegara de la mano del documental rodado por Marcos López, el Mensú se ha convertido en un ícono de la cultura pop.

Con un set de pocas canciones pero plagado de anécdotas contadas con esa calidez que le dan los años, el Mensú arrebató los corazones femeninos con un inicio a puro romanticismo. Desde “Mi pequeño amor” a esa oda a las Cataratas que versa… Y en el güembé un picaflor, preso en tu embrujo de humedad y en el latir del corazón tu canto de cristal”. Síntesis de pasión a la Tierra Colorada.

Con el ingreso de Cacho Bernal, Pico Nuñez y Leandro Yahni, Ramón dejó su guitarrón de diez cuerdas y se dedicó a soltar toda su poesía ante un auditorio mayoritariamente ocupado por damas de todas las edades que no dejaron de pedirle canciones y hasta le brindaron uno que otro piropo (que obviamente fueron respondidos con la caballerosidad y galantería que distinguen al Arandú).

Con el estreno de “Alma de lapacho”, una canción basada en un poema de un amigo y “dedicada” a un intendente desalmado que decidió cortar los amarillos árboles  de una plaza de pueblo, El Mensú demostró su más que vigente lucidez y se despidió como vino, con una inmensa carga de romanticismo, amor a su terruño y ese dejo de nostalgia por un paso que ya no está.

Hablando de amor al terruño, la breve pero intensa intervención de los jóvenes talentos de ese proyecto de formación de nuevos valores de la música y danza de acá, que es Legado Regional, dejó su estela flotando antes de la aparición del gran Ramón.

Remeras que cantan, canciones que hablan

Enfundados en sendas remeras de Spinetta, del Che, también de Emiliano Zapata, del “No a las represas”, un diablo boliviano, una estrella roja y otra de un equipo de fútbol, Bruno Arias y su banda arrancaron la noche en el Teatro Lírico con su folklore con altas dosis de contenido social.

Bruno cobró relevancia mediática luego de su fulgurante actuación en el Festival de Cosquín del año 2013, pero su activismo en pos de los derechos de las clases desclasadas del noroeste y, especialmente, en contra de la explotación minera en Famatina, le valió el reconocimiento y el cariño popular.

“La sed de oro nos dejará sin agua” dice una calco en la guitarra del joven talento jujeño, y sus canciones le cantan a la Pachamama, a la gente, a sus costumbres y lucha contra la desigualdad social. Sin dudas, Bruno Arias es parte fundamental de ese nuevo folklore argentino que arremete con fuerza los grandes escenarios nacionales con su carga de conciencia cívica, un valor que no se puede soslayar. El Teatro Lírico fue testigo de ello, y la gente se lo agradeció.

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