cartacuaresma Custom-min.jpg“Amar con misericordia, nos sana” - “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”. Queridos hermanos y hermanas:

Iniciamos este tiempo cuaresmal, como tiempo de gracia y penitencia, que nos prepara para celebrar el misterio central de nuestra fe, la Pascua.

En la liturgia que iremos  celebrando en este tiempo cuaresmal seremos invitados a volver a Dios, a convertirnos y creer en la buena noticia, que nos anuncia que el Reino de Dios está entre nosotros.

Nuestra fe centrada en la persona de Jesucristo, el Señor, de quien queremos ser sus discípulos y misioneros, nos lleva a revisar nuestra vida y espiritualidad a la luz del seguimiento en quién creemos, quién se hizo uno de nosotros para salvarnos y revelarse. Nuestra fe en Cristo, el Señor, nos lleva a comprender que nuestra vida está cargada de sentido, y que todos los bautizados, tenemos una vocación y misión.

En la pascua celebramos el misterio del Amor de Dios, de un Dios cercano, que se hizo hombre, y que por nosotros murió y resucitó. En el misterio pascual, nos constituimos en hijos de Dios. En estas varias semanas de cuaresma, nos disponemos sobre todo desde la espiritualidad litúrgica a prepararnos para renovar nuestra fe, esperanza y caridad.

En esta carta cuaresmal como Obispo y Pastor de esta porción del Pueblo de Dios en nuestra Diócesis de Posadas quiero reflexionar  desde nuestra propia realidad en Misiones,  y realizar una invitación a que profundicemos en el tema de la Misericordia clave de nuestro encuentro con Dios, discipulado y misión. “Jesucristo es el rostro de la Misericordia del Padre”. En Él y desde Él podemos revisar nuestra condición de cristianos, y volver a la casa del Padre en este tiempo cuaresmal.

Un buen examen de conciencia realizado desde su Amor misericordioso, y buscando reconciliarnos con Él, nos permitirá comprender mas profundamente ante todo que Dios es “amor”, que se conmueve ante el pecador arrepentido y otorga su perdón.

Nuestro papa Francisco en la Bula “Misericordiae Vultus” convocó a un año Santo de la misericordia, que hemos iniciado el pasado 8 de diciembre. Esta cuaresma nos ayudará a internalizar más profundamente esta gracia que estamos viviendo en la Iglesia. En esta bula el papa Francisco señala el sentido de este año Santo: “ Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un jubileo extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”. (3)

1-         ALGUNOS FUNDAMENTOS SOBRE LA MISERICORDIA

Sin pretender realizar en esta carta pastoral un estudio analítico sobre la misericordia, podemos señalar que en toda la Escritura, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento abundan las múltiples intervenciones de Dios dirigidas a llevar la salvación a su Pueblo. Sobre la palabra latina “misericordia”, nos dice Monseñor Luis Rivas en un escrito reciente: “para expresar estas manifestaciones del Amor de Dios las ediciones de la Biblia en las lenguas modernas recurren con frecuencia al término “Misericordia”… Los autores latinos definen la misericordia como la pena que se siente ante la miseria de una persona que padece injuria. Pero la palabra “misericordia”  que se encuentra en la versión latina y en las modernas de la Biblia no expresan solamente una “pena”, sino que está cargada de nuevos sentidos y muestra una gran  riqueza  porque encuentra los matices propios de varios términos hebreos y griegos que se refieren al Amor…. Si para los autores griegos y latinos la misericordia consistía en una emoción, en una pena, o sentimiento ante el mal ajeno, o en el temor de que algo semejante pudiera afectarle a uno mismo o alguna persona allegada, en los libros  sagrados esto no queda en el campo de lo afectivo sino que se desplaza hacia lo efectivo. Lo central no se ubica en el sentimiento, sino en las acciones que se producen a partir de aquél. En las lenguas semíticas “amar” es una disposición que se expresa en actos: amar es hacer el bien. Además se debe tener en cuenta que Israel no conoció a Dios como consecuencia de sus razonamientos, sino que llegó a conocerlo cuando experimentó sus actos de amor y salvación”.

En nuestra carta cuaresmal es importante que nos planteemos la necesidad como parte del Pueblo de Dios y personalmente, que nosotros también debemos hacer memoria que nos hemos encontrado con Dios, no como un concepto teórico, sino por sabernos amados por Él, aún en medio de nuestras pobrezas, fragilidades y pecados.

El salmo 136 enumera acciones de Dios en favor de su pueblo, y su pueblo responde a esta experiencia del obrar amoroso de Dios con la aclamación: ¡porque es eterna su misericordia. En este tiempo cuaresmal podemos rezar especialmente con este salmo 136: “El Señor es compasivo y Misericordioso, perdona los pecados y salva en el  momento de la aflicción… tan grande como la misericordia del Señor, es su perdón por los que vuelven a Él…”.

En el Nuevo Testamento experimentamos que “Jesucristo es el rostro de la Misericordia del Padre”. En todos los textos del Nuevo Testamento se señala que el obrar de Jesucristo, el Señor, rompe con los límites de la “ley”, que implicaba su cumplimiento, y el desprecio a quienes no la cumplían. En el Evangelio de Lucas nos encontramos con dos textos entre otros que son contundentes en este sentido: “Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por lo que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames” (Lc. 6,27-30),  y sigue señalando: “Sean misericordiosos como su Padre es Misericordioso” (Lc. 6,36).

En los escritos apostólicos  podemos encontrar un resumen de las enseñanzas del Señor: “… Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras. Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos. Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección”(Col. 3,8-14).

2-         DISCÍPULOS DE LA CARIDAD

Rezando con los textos bíblicos podemos sacar algunas orientaciones fundamentales del discipulado cristianos para tener en cuenta especialmente en este tiempo cuaresmal.

El seguimiento de Jesucristo, el Señor, no tiene nada que ver con una búsqueda de perfección personal logrado como fruto de nuestro esfuerzo.  Cuando experimentamos esto podemos creernos que somos mejores que los demás, y pretender que los otros sean como nosotros. En realidad esto tiene poco que ver con la propuesta del Señor. Empezamos a comprender el camino que nos propone Cristo, el Señor, cuando nos damos cuenta que somos pecadores, frágiles y pobres, y necesitamos del abrazo misericordioso de Dios. Esta experiencia que el Señor nos enseña en algunas parábolas como la de aquel que rezaba agradeciendo a Dios por ser como era, y la del otro que no se animaba a levantar la cabeza por vergüenza ante Dios. El Señor elogió esta actitud de humildad así como la del hijo pródigo que volvió arrepentido. La humildad y la pobreza de espíritu nos hacen entender la propuesta del Reino de Dios: “Felices los pobres de Espíritu porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos” (Mt. 5,3).

Desde esta experiencia del amor de Dios entendemos que  “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”. Solo desde esta experiencia del amor de Dios podemos introducirnos en el camino de discipulado de Jesús. Es Él que pone su mirada en nosotros y  nos tiende su mano con amor y gracia. Es en ese encuentro que sentimos  la gratuidad de su Amor “Misericordioso”.

Desde este encuentro con la Persona de Jesucristo, desde esta experiencia de misericordia  gratuita, el discípulo  puede ser puente de la misericordia, y “ver” con misericordia a los hermanos, sobre todo a los que mas necesitan.

Construir desde la humildad, y la caridad nos ubican en el discipulado cristiano.

Es cierto que  en nuestras comunidades nos encontramos con miembros que por haber  construido sobre sus logros, fruto de su propia perfección se desubican parándose en condenas, desprecios, o bien adueñándose de actividades, sintiéndose imprescindibles y sobre todo perdiendo la clave de la misericordia y la misionalidad que implica el seguimiento de Jesús.

En los textos bíblicos, sobre todo en los sinópticos se encuentra el tema de la misericordia que muestra a Jesús que se sentaba a la mesa para comer con pecadores y recaudadores de impuestos, (Mt. 9,10; Mc. 2,16; Lc. 5,29); muchos contemporáneos y fieles cumplidores de la ley condenaban estas actitudes que consideraban que se contraponían a su religiosidad fundamentada en una supuesta perfección legal, pero desconectada de la caridad y la misericordia.

Es importante señalar que  deberemos revisar en nuestro examen de conciencia cuaresmal, si  nuestro estilo de vida, criterios y opciones lo vivimos teniendo en cuenta el misterio Pascual que queremos celebrar internalizándolo en nuestro discipulado. Desde el amor donado y pascual como el de Jesucristo, que nos ama para salvarnos podemos entender las exigencias, preceptos y normas de la vida cristiana. La Pascua celebrada sacramentalmente en cada Eucaristía nos orienta en el sentido necesario del discipulado cristiano, que no se entiende sino se vive desde la caridad y su consecuencia inmediata en el amor misericordioso.

3-         LLAMADOS A TRANSFORMAR NUESTROS AMBIENTES

Sabemos que la evangelización y la misión es la razón de ser de la Iglesia. Muchas veces nos planteamos cuales son los desafíos de nuestros tiempos y las respuestas adecuadas que tenemos que dar. En ese contexto debemos señalar que la caridad, y el amor misericordioso será aquello que hará consistente todas nuestras acciones espirituales y pastorales. Si bien tendremos que realizar gestos de misericordia concretos, somos consientes que todo nuestro estilo de vida desde que  nos levantamos hasta que nos acostamos deben estar impregnados por el amor y la misericordia. Es obvio, sería contradictorio realizar algunos gestos aislados de misericordia que convivan con actitudes mundanizadas, o mimetizadas en ambientes donde prime la violencia, la injusticia y deshonestidad en acciones, gestos y palabras en la convivencia, y en la cotidianidad.

Es cierto que el secularismo, o bien el materialismo aparece muy fuerte en nuestra cultura actual. Incluso en gente que se manifiestan cristianos, y que no vemos que se plasme ese compromiso en sus familias, trabajos y relaciones comunitarias. Si bien todos los bautizados, desde las diversas vocaciones tenemos la responsabilidad de transformar el mundo desde el Evangelio, los laicos se santifican especialmente en este llamado de transformar las realidades temporales.

Para todos, pero especialmente el laicado tiene una gran responsabilidad en internalizar algunos valores claves para construir bien nuestra propia realidad. Todos sabemos que  Misiones es una sociedad con una historia intensa, y que de a poco vamos asumiéndola  como memoria e identidad. Pero también somos una sociedad nueva que en el siglo que pasó, y en las últimas décadas cuenta con uno de los  mayores crecimientos demográficos del País. Basta recordar que entre 1980 y el 2000, Misiones pasó de 500.000 a 1.000.000 de habitantes. Por ser una sociedad  nueva se genera mucha esperanza, donde hay luces y también sombras. En este sentido será fundamental un laicado cristiano, y gente de recta conciencia que desde actitudes de caridad y misericordia, desde una dimensión de justicia y solidaridad, impregnando una ética social en sus trabajos, en las organizaciones sociales, políticas, y culturales pongan las bases para que esta sociedad nueva nazca bien, y podamos construir en Misiones una cultura con valores.

Al señalar esto lo hago con conciencia que no solo en las estructuras de organización civil, donde hay muchísimos laicos cristianos, hay problemas de corrupción, de desinterés por la ética, y el bien común, sino que este flagelo se da en nuestras mismas organizaciones eclesiales, donde nos hemos  encontrado con numerosas situaciones de graves irregularidades administrativas, en convivencia con gente que se llama cristiana, y no considera en sus exámenes de conciencia los pecados contra la moral social.

Especialmente el laicado tiene la responsabilidad en su discipulado, y camino de santidad, de tener un estilo de vida, que testimonie, anuncie y denuncie todo lo que en la cotidianidad de su vida se contraponga al camino del Evangelio.

En esta carta cuaresmal no puedo extenderme en conceptos que  desde la misma antropología, o bien la sicología se pueden indicar como claves para sanar muchas estructuras de corrupción y pecado que ensombrecen nuestros ambientes cotidianos. Sólo quiero señalar que “el amor” que se vive como donación, que sale hacia el otro, y sobre todo el amor que privilegie al pobre que necesita con misericordia nos sana, nos desenrieda, nos desneurotiza y sobre todo nos permite vivir la propuesta del Evangelio, que nos hace Jesucristo, el Señor. Donde hay gente que quiere vivir el amor donado a los demás, con misericordia, se transforman los ambientes comunitarios, y la misma cultura se humaniza,  generándose espacios de alegría y esperanza.

En esta carta también quiero pedirles a mis hermanos sacerdotes que al celebrar la Eucaristía, actualizando el amor Pascual,  pidamos la gracia de traducir lo que celebramos en la cotidianidad de nuestro ministerio, sobre todo como pastores misericordiosos. Un momento clave será siempre el don que el Señor nos regaló en el servicio del sacramento de la reconciliación. Es en cada confesión donde somos instrumentos del amor misericordioso de Dios, y hacemos mas patente que “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre.”

También les pido a tantos hermanos y hermanas de la vida consagrada en la Diócesis que desde su maravillosa vocación testimonien proféticamente a Dios como un Padre que nos ama. En una sociedad con una fuerte tendencia a lo mercantil es profético testimoniar que el único absoluto es Él, y que el tener, el poder y el placer no pueden ser absolutizados, ni idolatrizados. Cuando esto pasa siempre se daña la dignidad humana.

4-         ALGUNOS GESTOS COMUNITARIOS

Como Diócesis en esta cuaresma realizaremos nuevamente nuestro gesto diocesanos de la llamada “Colecta del 1%”. Es un aporte que adquiere su sentido y espiritualidad en este tiempo cuaresmal, como fruto de la conversión, desde el  compartir, o  bien, desde la comunión de bienes. El 1% de nuestros ingresos totales, es sólo un indicador, para que con lo que aportemos, podamos ayudar a nuestros hermanos en el tema de la vivienda, ranchos, baños y letrinas. El fin de semana del 5 y 6 de marzo  y durante toda la cuaresma será una oportunidad y un gesto concreto de conversión al amor misericordioso. Obviamente esta colecta se potencia en este año Santo de la Misericordia, transformándose en excelente oportunidad para realizar un acto concreto de misericordia.

En la Diócesis también hemos designado cuatro Parroquias para ganar indulgencias plenarias, recurriendo a este regalo de Dios como pobres que pedimos por nuestros hermanos difuntos, o bien por nosotros mismos. Las parroquias designadas son: Nuestra Iglesia Catedral San José, la Parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús de Leandro N. Alem, San Pedro y San Pablo de Apóstoles y Cristo Redentor de Jardín América. También se puede pedir la indulgencia plenaria en todas las fiestas patronales de las Parroquias y Capillas, durante el tiempo que dure el año Santo.

CONCLUSIÓN

Al finalizar esta carta que pretende ser un aporte para vivir mas intensamente este tiempo cuaresmal, en el contexto del Año de la Misericordia, deseo que en cada Misa actualicemos nuestro compromiso pascual de prolongar lo que celebramos, el amor donado y misericordioso, en la cotidianidad de nuestras vidas. Será una buena manera de prepararnos para nuestro Congreso Eucarístico de Tucumán en el que participaremos el próximo 16 al 19 de Junio del corriente año.

Queridos hermanos y hermanas el abrazo paterno de un Dios que nos ama llegue a cada uno de nosotros y desde esta experiencia de su amor, seamos puentes e instrumentos para todos nuestros hermanos, sobre todo los más pobres, excluidos y sufrientes.

Les envío a cada uno con cercanía una bendición en Cristo, el Señor.

Miércoles de cenizas, 10  de febrero de 2016.-

 

Juan Rubén Martínez

Obispo de Posadas

 

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