“Jesucristo es el rostro misericordioso del Padre”- Sin pretender realizar en esta carta pastoral un estudio analítico sobre la misericordia, podemos señalar que en toda la Escritura, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento abundan las múltiples intervenciones de Dios dirigidas a llevar la salvación a su Pueblo.

Sobre la palabra latina “misericordia”… Lo central no se ubica en el sentimiento, sino en las acciones que se producen a partir de aquél. En las lenguas semíticas “amar” es una disposición que se expresa en actos: amar es hacer el bien. Además se debe tener en cuenta que Israel no conoció a Dios como consecuencia de sus razonamientos, sino que llegó a conocerlo cuando experimentó sus actos de amor y salvación”.

En nuestra carta cuaresmal es importante que nos planteemos la necesidad como parte del Pueblo de Dios y personalmente, que nosotros también debemos hacer memoria que nos hemos encontrado con Dios, no como un concepto teórico, sino por sabernos amados por Él, aún en medio de nuestras pobrezas, fragilidades y pecados.

El salmo 136 enumera acciones de Dios en favor de su pueblo, y su pueblo responde a esta experiencia del obrar amoroso de Dios con la aclamación: ¡porque es eterna su misericordia. En este tiempo cuaresmal podemos rezar especialmente con este salmo 136: “El Señor es compasivo y Misericordioso, perdona los pecados y salva en el  momento de la aflicción… tan grande como la misericordia del Señor, es su perdón por los que vuelven a Él…”.

En el Nuevo Testamento experimentamos que “Jesucristo es el rostro de la Misericordia del Padre”. En todos los textos del Nuevo Testamento se señala que el obrar de Jesucristo, el Señor, rompe con los límites de la “ley”, que implicaba su cumplimiento, y el desprecio a quienes no la cumplían. En el Evangelio de Lucas nos encontramos con dos textos entre otros que son contundentes en este sentido: “Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por lo que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames” (Lc. 6,27-30),  y sigue señalando: “Sean misericordiosos como su Padre es Misericordioso” (Lc. 6,36).

En los escritos apostólicos  podemos encontrar un resumen de las enseñanzas del Señor: “… Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras. Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos. Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección”(Col. 3,8-14).

Les envío un saludo cercano, y hasta el próximo domingo!

 

Mons. Juan Rubén Martínez

Obispo de Posadas

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