b_0_375_16777215_00_images_2014_f_Gurises_Andresito_2014_Custom.JPGComo una manera de poner en práctica el espíritu solidario que pregona, el Programa “Gurises Felices” del IPLyC SE donó útiles escolares, libros, ropas y pañales, para las 241 familias damnificadas por la creciente del arroyo San Francisco, en la denominada zona verde de Comandante Andresito.

Marcelo Ledesma, coordinador del programa, manifestó que al enterarse de la tragedia estuvieron en contacto permanente con funcionarios de la municipalidad “para que nos comuniquen que es lo que necesitaban porque tenemos para donar elementos distintos” a los que envió el resto de la población. Fue así que “esperamos el relevamiento para poder acercar la ayuda” que consistió en 400 libros infantiles (cuentos y textos), 400 libros para los niños de la primaria, 320 cuadernos, 300 pañales para adultos, 500 pañales para niños, cinco bolsas de ropa y 200 kits de útiles escolares.

Ledesma dijo que “estamos aquí movidos por una cuestión solidaria. Buscamos predicar con el ejemplo teniendo en cuenta que uno de nuestros ejes principales es aprender jugando, y ahora nos tocó colaborar con esta gente que sufrió una situación tan tremenda. No sabemos si es poco o mucho pero llegamos, y eso es lo que cuenta”.

Agregó que ésta fue una iniciativa que se gestó entre los integrantes de “Gurises Felices” y empleados del IPLyC SE e IPLyCCCyS que “siempre están dispuestos a colaborar al igual que las autoridades del Instituto a quienes estamos permanentemente agradecidos”.

“Trajimos cosas que hacen al día a día de los niños en la escuela. Estos son chicos que por lo general disfrutan de nuestros shows y ahora se encuentran en una situación límite. Por eso nos toca de cerca y por eso nos emociona tanto”, acotó.

Una tarea sin pausa

El presidente del Concejo Deliberante  de Comandante Andresito, José Miguel “Teté” Kibisz, fue el encargado de recibir los bultos con la ayuda, que se sumaron a otros tantos que llegaron de diversos los puntos de Misiones.

Para llegar al despacho del funcionario hubo que pasar por un salón cubierto por montículos de ropa y zapatos que un grupo de mujeres clasificaba para luego repartir entre los inundados. “La intención es conformar un comité de contingencia para este tipo de eventualidad, que esperamos no vuelvan a ocurrir”, dijo buscando un espacio para la entrevista. “Ante ese hecho, todos reaccionamos de manera espontánea. Tengo que reconocer que el municipio no estaba preparado para una tragedia de esta índole”, aclaró, mientras destacó la colaboración de la población, de la Policía de Misiones, de Gendarmería Nacional, de Prefectura Naval, de Bomberos Voluntarios, de las iglesias y del personal municipal, durante esta ardua tarea de evacuación que se extendió entre las 17 del 30 de abril a las 2 del primero de mayo.

Una vez que las familias recibieron albergue en el salón parroquial y a pesar de la fatiga, había que estudiar una solución de fondo. Explicó que consiste en reubicar a los damnificados y luego reconvertir el espacio, evitando que nuevos pobladores vuelvan a conformar asentamientos a la vera del San Francisco. “Gracias a la intervención del Gobierno de Misiones, se tomó la decisión de adquirir una parcela de tierra en Villa Nueva, que es un lugar más alto, a fin que sean relocalizadas las primeras 56 familias afectadas”.

A su entender, evitar la instalación de nuevos pobladores “es un compromiso que debemos asumir todas las instituciones del Estado y la misma ciudadanía, de reconvertir este espacio y cuidarlo. Representa un peligro vivir cerca de este arroyo, que desemboca en el Rio Iguazú. Es un cauce importante que tiene varios afluentes y cuando se producen lluvias torrenciales, el caudal aumenta considerablemente”. Fueron afectados los barrios Cantera, La Pileta y La Selva II, sobre el San Francisco; Quintas Bajas, en la margen del arroyo Doce, y Malvinas sobre un cauce sin nombre. En la zona rural desbordó el arroyo El Verde, causando estragos a la producción tabacalera. El agua sobrepasó un puente nuevo y socavó la cabecera. Para dejarlo en condiciones de transitabilidad se emplearon 30 cargas de tosca.

Al recordar aquella terrible jornada, dijo que a las 17 “nos avisaron que comenzó a desbordar. Muchos no querían salir de sus hogares. Y uno no está preparado para estas cosas. Por más que haya un equipo formado, llegado el momento de actuar muchas veces se hace lo que la conciencia le dicta”.

Añadió que cuando el agua sube levanta lo que viene. A la medianoche trajo una casa entera que se trancó debajo del puente y el estruendo fue tal que pensaron que el viaducto comenzaba a resquebrajarse.  Kibisz agradeció “a todos los que nos ayudaron” y destacó las buenas condiciones climáticas que acompañan desde inicios de mes permitiendo que “la situación comience a normalizarse”.

“Nadie entendía nada”

Ayelén Salvador, trabajadora social e integrante de la Secretaría de Acción Social de la comuna, a cargo de Mirta Zubilewicz. Contó que desde su área lo primero que se hizo fue un censo, enumerando las casas y estableciendo el grupo familiar. Expresó que hay familias –en su mayoría dedicadas a la tarefa- que volvieron a su lugar porque se niegan a abandonarlo y esperan las decisiones dentro de unas improvisadas carpas de plástico negro, mientras que otras 17 familias continúan refugiadas en el polideportivo municipal, con asistencia médica y servicio de comedor, porque no tienen familiares o conocidos que les den albergue.

“El primer día fue caótico pero ahora estamos organizados. Los hombres están retomando sus actividades y los chicos están yendo a la escuela”, dijo la joven, a quien le tocó recibir a los que llegaban solo con lo puesto, mojados y con ojos desorbitados. “Estaban como perdidos. Nadie entendía nada porque no nos esperábamos una cosa así. Un arroyo con el que convivimos desde siempre, reaccionó y empezó a subir de golpe”, tras una jornada de lluvias torrenciales e intermitentes.

“Se veía pasar las casas como si fueran escenas de una película”, graficó, mientras sobre los árboles ubicados a sus espaldas, quedaban vestigios de lo que fue la correntada.

En primera persona

La casa de María Ortega y Rafael Ovelar fue marcada por los censistas con el Nº 78 y un metro más arriba quedó la marca que dejó el agua, que los obligó a abandonar el barrio La Selva II, uno de los más castigados. “Nos agarró de sorpresa. Tomábamos unos mates cuando tocaron la puerta para avisarnos que venía la creciente que enseguida traspasó las hendijas del piso de madera. Sacamos algunas cosas y llevamos a la casa de mi cuñada”, dijo la mujer, que está embarazada y es mamá de Alan, de un poco más de un año, y que ya pudo volver a su vivienda.

Cirila Núñez y su compañero, Samuel Bernal, están en el mismo barrio pero más cerca del cauce. Tienen la mirada perdida y se refugian en una carpa en el lugar donde estaba su casa. Contaron que pudieron sacaron ropas, frazadas, documentos y el secarropas, y que al atardecer, cuando vieron que la situación estaba crítica, decidieron abandonar la zona e instalarse en casa de un familiar, unas cuadras más arriba. Colocaron un candado en la puerta y se retiraron junto a Mailén (9) y Santiago (13). Al regresar a la mañana siguiente no había rastros de la vivienda. Dentro de la construcción  se fueron las camas, los colchones, la cocina, las ollas y los cubiertos.

A Waldemar Brez le urge volver a los yerbales pero prefiere esperar. No sea cosa que justo llegue la ayuda y él esté ausente. El censo ya pasó por su casa. El Nº 87 fue plasmado en color rojo sobre un poste de cemento que es lo único que quedó sobre los cimientos de lo que era su casa. Estaba en casa de una conocida y cuando volvió se encontró con el avance de las aguas. “Hice dos viajes para llevar algunas cosas pero al regresar por tercera vez ya no pude entrar”, contó al borde de las lágrimas.

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