TE DEUM. Señor Intendente Municipal, Señores Concejales, demás miembros del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, Autoridades Militares y de las Fuerzas de Seguridad, Directores de Escuelas, Alumnos, Pueblo de Dios.

Queridos hermanos: todos los aquí presentes, nos hemos reunido en la Casa de Dios a fin de agradecer al Señor por ser hijos de esta Patria, que entre gozos y dolores, vive su 204 Aniversario de la Creación del Primer Gobierno Patrio.-

Hoy, asimismo, pedimos auxilio al Señor para poder cumplir con la misión que Él nos confiere en este momento de la historia: trabajar por la paz y la elevación de nuestra Diócesis para insertarse en un mundo mejor y para ser constructores de este mundo desde la solidaridad, el diálogo y la cooperación mutua.-

Es por eso que los Obispos en el último documento “Felices los que trabajan por la Paz” señalábamos la necesidad de un mundo pacífico. Y para eso debemos transformar a nuestra sociedad y en especial a nuestra Patria, ya que no sólo la moral cristiana nos obliga a esto sino también la globalización en la que estamos inmersos que nos toca con su “indiferencia” y con su “violencia”. El Papa Francisco señala y denuncia con claridad la presencia en nuestro mundo de la “globalización de la indiferencia.”, que debemos tratar de erradicar si queremos construir la paz social. Estamos llamados a ser “constructores de la paz” y desterradores de la violencia”.

En estos días son numerosas las expresiones de violencia que la sociedad vive a diario: vivimos en la intranquilidad y el enojo y hasta la indignación que se manifiesta en los así llamados linchamientos. Vivimos la violencia de la exclusión de tantos, la pobreza de muchos y la gran ostentación de otros que no pueden disimular sus cuantiosas riquezas materiales, la exclusión laboral de muchos y hasta el hambre de tantos (Documento de los Obispos).

No podemos, hermanos, ser indiferentes a este tipo de violencia que ya de niños viven nuestros hijos tanto en la escuela como en la calle. Debemos afrontar el paciente trabajo de la recuperación aunque nos cueste salir de nosotros mismos. El Señor nos espera en una respuesta de fe y de amor y Él será la ayuda a nuestros dolores y desatinos. Sin el Señor nada bueno podremos hacer, pero con Él encontraremos el camino de la paz, la justicia y el amor entre los ciudadanos.

El vínculo de amor con el Dios vivo es capaz de curar nuestras heridas más profundas y nos da en su Espíritu las fuerzas necesarias para encontrar la paz social y así transformar a nuestra Patria y al mundo entero en una sociedad que trabaja por ello generando una cultura del encuentro para que -como nos dice el Papa Francisco- “comencemos a cuidarnos unos a los otros”. En Jesús encontraremos Vida y un Camino de Verdad, de Amor y de Paz. En Jesús no hay lugar para la violencia de las drogas, del alcohol y de cualquier tipo de miseria humana que nos quite la dignidad de vivir la libertad y la concordia de los hijos de Dios.

Que María de Luján, Patrona de la Argentina, nos conceda el don de caminar hacia la Paz y el Amor de Jesucristo. Amén.

Marcelo Raúl Martorell

Obispo de Puerto Iguazú

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