b_450_0_16777215_00_images_2016_d_estudiantesdehumanidadesmovilizadosporviolacionesajv_Custom-min.jpg"Sigamos en la lucha!", expresó la licenciada en Letras, investigadora y ex directora de la Carrera de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Misiones, Elena Maidana.

Ella fue una de las oradoras del acto de protesta que tuvo una intervención artística, que bajo el lema "No nos vamos a quedar callados", organizaron frente a la Facultad, los y las estudiantes de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM, junto a la Agrupación Aquelarre, en repudio y reclamo del esclarecimiento de las violaciones sufridas por dos jóvenes estudiantes de Eldorado, y la muerte en 2013 de otra alumna de esa universidad pública.

Participaron más de 200 personas, entre ellas docentes, alumnos; los diputados provinciales, Myriam Duarte y Martín Sereno (PAyS) -quienes hace unos meses se reunieron con el Vicegobernador por este tema, y solicitaron informes sobre el estado de todos los albergues universitarios que funcionan en la provincia- Muriel Arensburg, integrante del Colectivo de Acción contra las Violencias de Géneros, además de agrupaciones políticas como la Federación Comunista de Misiones y el Partido Obrero, entre otras.

El primer ataque ocurrió en enero de este año, cuando una joven de Eldorado fue golpeada y ultrajada sexualmente en un albergue estudiantil de Posadas -subvencionado por el Municipio de esa localidad- donde vivía, mientras cursaba la Carrera de Portugués. Hace una semana, una estudiante de Comunicación Social, también de Eldorado, fue atacada en su vivienda ubicada en el centro posadeño. Además, el próximo 6 de abril se cumplirán tres años del femicidio de Lucía Maidana, otra estudiante de Comunicación de Humanidades, oriunda de Capioví, que fue asesinada y prendida fuego en la pensión donde vivía. El caso continúa impune y el agresor permanece libre. "Los estudiantes queremos respeto e igualdad de oportunidades para concretar nuestras carreras académicas. Por eso decimos que ser mujer no tiene que ser un factor de riesgo. La lucha por los derechos de las mujeres es de toda la sociedad", destacaron desde la Agrupación Aquelarre.

Como parte del reclamo solicitaron a las autoridades de la Facultad, la aplicación de políticas concretas para abordar la problemática dentro de la casa de estudios, con la apertura de un gabinete interdisciplinario que ya estaría aprobado por el Consejo Directivo de Humanidades.

El problema es estructural, social y cultural

La profesora jubilada hace dos años, Elena Maidana, destacó que todo lo que se planteó en la movilización, "nos exige acción y mucha reflexión, demanda lucidez implacable para erradicar la violencia de nuestras aulas, calles, casas; de nuestra sociedad y de nosotros mismos. El problema es estructural, social y cultural. Nosotros no estamos al margen y debemos rever de qué manera con nuestras prácticas cotidianas dejamos de sostenemos y alimentar al patriarcado".

Citó a la antropóloga Rita Segato que propone algunas pistas. "Ella habla de violencia expresiva cuando alude a esas violencias escritas en los cuerpos femeninos, porque las violaciones o los femicidios van configurando un lenguaje; un habla que reafirma el poder, y ese poder patriarcal está escrito en el cuerpo de las mujeres".

La magister en Antropología, compartió un fragmento del libro “La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez”, en la que Rita Segato sostiene que la violación no es anomalía de un sujeto solitario. "Es un mensaje pronunciado a la sociedad. Una participación de toda la sociedad en lo dicho ahí, no en cuanto a conciencia discursiva; pero si en una especie de conciencia inmediata y práctica, la finalidad de esa crueldad no es instrumental. Esos cuerpos no están siendo forzados para la entrega de un servicio, sino que hay una estrategia dirigida mucho más central. Una pedagogía de la crueldad en torno a la cual gravita todo el edificio del capitalismo y esa pedagogía busca enseñar la mirada exterior con relación a la naturaleza y a los cuerpos. Producirse como seres externos, colonizar y dominar la vida, extorsionarla y rapiñarla de una forma nueva", leyó expresivamente.

Una lengua que reafirma y legitima el poder patriarcal

Entonces, -subrayó la docente- esas violencias escritas en los cuerpos femeninos dicen, para los hombres en primer lugar; "pero también para las mujeres y para la sociedad; configuran una lengua que reafirma y legitima el poder patriarcal que utiliza el cuerpo de las mujeres como territorio de inscripción, también habla de la configuración de seres insensibles, crueles, impasibles ante el daño infligido a los otros. Eso es posible porque previamente se objetiviza, se exterioriza, se cosifica al otro y a las otras. Entonces el otro que viene es un objeto; una cosa de la que me puedo apropiar y hacer lo que quiero. Todo eso exacerbado por el capitalismo contextual, por eso demanda un trabajo permanente, sostenido en el tiempo y expandido en el espacio de reflexión y también de acción", dijo la profesora Maidana.

Destacó la acción de los estudiantes en general y de Aquellarre en particular, porque no se debe permanecer indiferente frente a estos hechos. "No podemos quedar inactivos. Nos exige posicionamiento claro y contundente, y sobre todo siendo parte de la Universidad donde se imparte estudio y reflexión para comprender estos procesos en su complejidad y más allá de las turbulencias de superficie".

"Soy una voz que todavía no pudieron callar"

Uno de los testimonios más fuertes que se escucharon durante la movida que realizaron los estudiantes universitarios, fue el de Mirta K. una estudiante de la Carrera del Profesorado de Historia, víctima de violencia de género. "Soy una voz que todavía no pudieron callar ni los golpes, ni los ladrillazos, ni los cuchillazos. Una voz que no se calló ahogada en un balde. Lucho todos los días para que no me encuentren tirada en una esquina muerta por la mano de un macho. Y voy a seguir luchando por mi hijo", relató la estudiante a la que le faltan cinco materias para recibirse. "Muchas veces tuve que escaparme para asistir a la facultad, amenazada de que se iban a llevar a mi hijo a Buenos Aires, y seguí luchando. Y otras veces llevo a mi hijo a clases y mientras me espera él se duerme en el aula", indicó con pesar.

La burocracia del Estado mata lentamente

La joven mujer manifestó que no desea convertirse en un afiche ni un recuerdo. "No quiero que mis compañeras marchen pidiendo Justicia en mi nombre, aunque lastimosamente la burocracia del Estado me está matando de a poco, y a muchas otras ya las mató. No tengo respuesta de la Justicia, hace más de un año que estoy peleando para que me escuchen y todavía sigo en la lucha", remarcó antes de relatar un reciente hecho de violencia con su ex pareja.

Mirta indicó que viene denunciando desde 2011, pero sigue luchando. Por decisión de un juez recibe 800 pesos como cuota alimentaria, para mantener a su hijo, "y obviamente no me alcanza para nada. En este momento estoy desocupada porque una vez él fue a buscarme y me echaron de mi trabajo. Pero soy una mujer multifacética y me adapto a todo y la peleo por mi hijo. Pido Justicia porque quiero seguir viviendo, tratando de ser la voz de esas mujeres a las que callaron. Lucho por mi hijo, por ser profesora de historia y salir adelante, porque no es justo que un hombre machista me pueda callar!", exclamó ante una multitud que la escuchaba atenta y silenciosamente.

El cierre de la jornada de protesta estuvo a cargo de la profesora de la Facultad de Humanidades, y actriz, Mariana Pizarro, junto a su hija Ishta, en un diálogo de ida y vuelta por momentos ficcionado; pero tan real en la preocupación de cómo hace una madre para proteger a su hija adolescente de la violencia machista y cotidiana, que pone en riesgo permanente a las mujeres solo por el hecho de serlo. "Es una locura, porque nosotras no elegimos nacer mujer", reflexionó Pizarro al final de la puesta, abrazada a su hija.

 

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