Los años nos enseñan que uno se acostumbra a casi todo, incluso a las mentiras y los contrasentidos. Durante mucho tiempo nos contaron que vivíamos en un mundo de fantasía donde se hacían grandes anuncios, licitaciones, actos formales, y después... nada. Nos íbamos olvidando de que lo que nos prometían, ya lo habían prometido. Íbamos perdiendo la cuenta de los anuncios de las mismas cosas.

Y una y otra vez, uno dejaba de preguntarse lo obvio: ¿por qué no hacen lo que prometen? ¿No era que “mejor que decir es hacer, y mejor que prometer es realizar”? Entonces, ¿por qué solamente prometían?

El problema estaba en que para cumplir esas promesas había que tener financiamiento. Y el financiamiento no aparecía porque estábamos en default de deuda.

Así no se pudieron concretar muchas de las obras largamente anunciadas. Por hacer una breve enumeración: seguimos sin el gasoducto del NEA, sin wifi nacional gratuito, sin radares ni de 2D ni 3D en las fronteras, sin la autopista hasta Misiones, sin la autopista hasta Salta, sin ferrocarriles a Misiones, sin túnel ferroviario a Chile, sin planes de créditos para inquilinos… y así podríamos seguir con infinidad de obras y planes anunciados una y otra vez y nunca concretados.

Claro está, para hacer esas obras había que tener financiamiento. Por eso no las podían hacer, pero sí las podían anunciar para mostrar que estaban pensando en nosotros. Y todos los días había buenas cosas que anunciar por cadena nacional. Porque esa enumeración es apenas una pequeña muestra de todo los que nos dijeron que iban a hacer (pescado para todos, carne para todos, renovación de electrodomésticos, plantas generadoras de energía, puertos, etc).

Todas estas cosas podrían haber sido ciertas. Pero no lo fueron porque decidieron no pagar la deuda. Se inventaron a los buitres y se encerraron –nos encerraron- en una discusión ideológica sin sentido. La Argentina debía ese dinero y había que acordar cómo pagarlo.

Porque el costo de no pagar, era no tener obras. Tanto como uno no pagaría la construcción de un hospital al contado, el constructor tampoco daría crédito si el cliente no es confiable y se aseguraría la mayor parte posible al contado como adelanto. Eso nos pasó: compramos vagones con un adelanto del 60% en efectivo porque no éramos confiables. Pero esto no se puede hacer para algo que hay que construir desde cero.

Nos forzaron a vivir sin crédito. Porque los bancos solo prestaban en tarjetas o crédito personal a corto plazo, pero no había crédito hipotecario ni para el sector productivo para inversiones a mediano o largo plazo. Y la industria de la construcción se paró y las empresas no invertían por falta de financiación. Y así el empleo también cayó.

La economía se ajusta por dos vías: o se baja la actividad (y los salarios y el empleo) o suben los precios (y baja el poder de compra y la inversión). De lo que se trata es de evitar el ajuste, facilitando que la economía vuelva a tener crédito y un horizonte previsible.

Nuestro compromiso: menos anuncios y más empleo. Porque pretendemos empezar a andar los caminos de la inversión con crédito y que eso genere más riqueza. Celebremos que estamos empezando a desandar el camino de las mentiras. Aunque no sea fácil.

 

Luis M. Pastori

Diputado Nacional

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Más Provinciales